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Migrante

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I

Vengo del país en el que la vida real se ha convertido en una pesadilla que inicia al despertar.

Del país más triste del mundo, nos saquearon la felicidad.

Por más que trato de entender qué nos pasó y por qué lo permitimos, ningún esfuerzo mental parece suficiente porque mi alma necesita comprenderlo para poder aceptarlo.

Supongo que ciertas cosas no ayudan en el proceso de entender, cosas como estar tan agotada de rehacer mi vida tan lejos de mi tierra, volver a sentir que las cosas tienen sentido, más allá de que valgan la pena, y es que, muchas cosas que valen la pena, simplemente no tienen sentido y ésta es una de ellas, porque…

¿Cómo puede tener sentido vivir tan lejos de los míos? Los Míos son mi familia, mis amigos y todos aquellos que viven en mi pueblo, mi región, mi país.
¿Cómo puede tener sentido despertar cada mañana orando por que todos hayan llegado a casa y bien, y de que al llegar a casa hayan podido comer ? En mi país la gente ha dejado de sentarse en la mesa para comer, ahora la mesa es un nido de lamentos llenos de vacíos comunes, platos y sillas vacías, miradas vacías y silencio.

¿Cómo puede tener sentido dejar atrás toda una vida por hallar en alguna esquina del mundo un poquito de alivio a la agonía del no hay futuro, y encontrar ese alivio en otras tierras donde siempre seremos migrantes, tierras que no son nuestras ni nosotros les pertenecemos, tan ajenos somos que debemos reiniciar nuestro idioma, muchas veces desde cero, perdiendo así nuestro sentido de identidad más allá de la distancia, más allá de las ganas, eso que no hace tan únicos está atado a nuestro verbo, y sin verbo, cómo somos, quiénes somos?

¿Qué sentido tienen tantas nostalgias? Mis nostalgias, y la de millones de almas que sufren tantas ausencias, los que nos fuimos, los que se quedaron, y los que ya no están, ni aquí, ni allá.

¿Cómo se explica que antes eramos un solo Pueblo y ahora no llegamos ni a un país?

Soy de la generación que conoció el antes y huye del después, mi esencia vive en lucha constante con esa parte de mi que se resiste a no dejar ir los recuerdos de una vida tan bonita, de una tierra tan hermosa, donde parí a mi niña ese mismo año en que la desgracia tocó a mi, nuestra puerta, ese mismo año en que enterré a mi padre y ganó el “Comandante”.

Vengo de un país de Antes y Después

II

– “No regreses! No te regreses mami por favor!”. Me dijo mi niña.
– “No regreses! El país que tanto extrañas ya no existe amiga, no hay a dónde regresar”. Me dijo una amiga.
– “No regreses!”. Todos dijeron… mientras yo lloraba de tristeza por haber partido al sin sentido, con pasaje de regreso pero sin destino de vuelta, no porque algo o alguien me lo impidiese, sino porque, en realidad, volver ya no es ni verbo, el país de donde vengo ha desaparecido, ya ni como un espejismo, ya ni como un anhelo, supongo que esto que siento es lo mismo que sienten aquellos que pierden a un ser querido en una tragedia natural y desaparece su cuerpo, es llorar sobre un tumba vacía.

III

Vivo en un país distinto, con una lengua distinta, en donde todo es distinto y nuevo para mi.

Un país hermoso, como lo era mi país.
Un país pujante, como lo fue mi país.
Un país libres y de libertades, como ya no lo es mi país.

Un país con otros colores, olores y sabores, tan únicos y excitantes que, poco a poco ha hecho más sutil esta transición y me ha ido seduciendo, y yo he ido cediendo.

Vivo en un país lleno de vida, vida en las calles, vida bonita, la gente aquí es distinta y no, los días aquí pasan y no, mi alma aquí renace y no.

No es lo mismo emigrar por placer que por deber. No es el mismo duelo, ni el mismo luto.

Llegué llena de ideas, planes y creencias abiertas, y aún así, mes tras mes las cosas cambian, la fórmula que más funciona es la que parte de la elasticidad y se asienta en la paciencia, en estos dos pilares se basa mi experiencia, y sobre ellos reconstruyo mi vida, avanzando sin prisa pero sin pausa un día a la vez.

Hoy aún no tengo nada, nada me pertenece, en el plano material hoy estoy más pobre que nunca y aún voy a la deriva porque mi proceso de adaptación ha sido lento, lento porque así lo decidí, porque así lo necesité, y porque así duele menos, y sano.

En el proceso de sanar, tuve que dejarlo todo atrás, incluso lo poco que había traído se ha quedado atrás, desde mis alianzas hasta mis peroles, también tuve que aprender a olvidar en especial los planes iniciales, tuve que aprender a esperar incluso un poco más por aquello que espero y tuve que aprender a reconectar uno a uno mis extremos sueltos.

Cuando dejé de llorar por el país que ya no es, supe, más por instinto que por lógica, que todavía debía adentrarme más, y soltar más, si quería sobrevivir y ser feliz, debía ir más allá, dejar de ser expectadora ante el abismo y saltar.

Por primera vez en mi vida, después de más de 40 años, huérfana de padres, y de patria, adulta, profesional y madura, con mis cagadas y mis glorias al fin podía escribir mi historia desde un nuevo cero.

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Aquí Soy, aquí renací de mis propias entrañas, soy mi nueva madre y de mi propia leche me alimento. La leche es la esperanza.

Aquí he sanado, y mis heridas de guerra se cierran. Llegué una mañana de Enero, perdida y rota, cientos de días más tarde Soy de nuevo.

Aquí soy Amor, amor propio, amor por todo y hacia todos, aquí finalmente hallé al amor y vivo en el amor, sin que eso me exima de la nostalgia y la melancolía, o del desgarro del destierro.

Aquí he aprendido que lo único que me pertenece es mi vida, y mi mayor obligación es la de ser feliz, que ningún conflicto nutre de buena energía y que no hay nada más ridículo que el ego.

Aquí todo dejó de importar, TODO.

Mientras escribo estas líneas, en este preciso instante alguien está urgando y vaciando lo poco que me quedaba en el lugar que alguna vez fue mi casa en el país que ya no es, ahora si que ya no hay a donde volver, pero ¿para qué? si no hay mayor satisfacción que saber que esa vida ya no es, que yo ya no soy aquella que sufrió tanto en ese espacio lleno de dolor, sombras y maltratos, eso es el mayor de los logros para mi, saber que mientras alguien debe sentirse orgulloso porque “me venció” yo en cambio se lo agradezco porque es un regalo de esta nueva vida que hoy me abraza, me acuna, me anima.

Si alguien hoy me preguntase si debe migrar, en especial desde el país que yo vengo, mi respuesta sería Si! y si al principio o durante las primeras etapas del proceso se puede estar solo, incluso mejor.

Porque cada uno de estos días son un tesoro, porque este cambio vale la pena, más allá de poder caminar de nuevo con tranquilidad en la calle , o comprar comida, o sentirme protegida, y saber que hay un futuro; esta experiencia es una gran maestra, te enseña a Ser, y ese es el sentido de la vida aprender a Ser, y a partir de ahí a Ser feliz, aprendes a poder elegir por y para ti lo que quieres y mereces, incluso si creías que ya lo sabías esta experiencia te enseña a aprender con lecciones prácticas, donde compruebas que de poco sirven las teorías, y cualquier sistema de aprendizajes o creencias pre.establecidos se desvanecen para que puedas recrearlos para ti, basándote en tu instinto y la fe en ti mismo, para que puedas actuar más allá de las certezas y del miedo, a tientas y con cautela porque al no poder volver no hay vuelta atrás, la única opción es avanzar.

Y es entonces cuando todo encaja y entiendo que, la situación de Venezuela, el país de donde vengo, me ha hecho enorme y muy fuerte en vez de hundirme, partirme, adormecerme o aletargarme, con el mismo dolor e instinto de supervivencia con el que viven quienes están dentro me mantengo a flote, es entonces cuando acepto que estoy donde me hace bien estar porque vale la pena aunque aparentemente no tenga sentido.

F!
Lisboa 07.03.2017 12:15 pm

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