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La Fábula del Para Siempre – Una mirada hacia el Cambio.

Franca Franchi, cambio, psicologia, ayuda. relaciones

Desde el momento de nuestra concepción hasta nuestra muerte, la vida es una constante de cambios.

Según haya sido nuestra infancia y la crianza, los valores que nos inculcan, las creencias que nos heredan junto a las que establecemos a través de nuestras experiencias, todo en sí, determina de una u otra manera la forma con la que decidimos afrontar los cambios que se nos van presentando a medida que vamos creciendo y madurando.

Muchas veces quisiéramos que nada cambiase, que todo siguiera mas o menos un curso lógico y predecible en nuestra vidas, en especial desde el momento en el que empezamos a entender que hay cosas maravillosas que quisiéramos que durasen para siempre. Para siempre! que frase tan incierta… la frase con la que atamos nuestro destino a cientos de situaciones que serán siempre pasajeras.

Mi vida es tan normal como la de cualquier otra persona que tenga creencias parecidas a las mías, sin embargo, hasta hoy he vivido 15241 exactos y tengo la impresión de que ninguno de ellos ha sido o es igual a otro, y que los que me restan por vivir tampoco serán igual.

En mis 41 años y 8 meses tuve la suerte de crecer en un hogar constituído, en el que me dieron una excelente educación y acceso a buenas escuelas y universidades, viví en la misma casa y tuve la misma habitación por 22 años de mi vida hasta que en un sólo día eso cambió, y desde ese día las cosas solo siguen cambiando.

Al principio de los tiempos de cambio me resistía constantemente a aceptar que ciertas cosas ya no serían como yo creía tenían que ser, luego dejé de resistirme ante la idea de que no eran como yo esperaba y quizás más por inercia que por convicción empecé a dejarme llevar aceptando que mis nuevas realidades muchas veces serían totalmente distintas a las ideas que yo tenía de ellas. Mi gran problema yacía en mis expectativas.

Esto sucedía en paralelo en casi todos los niveles de mi sistema de creencias, desde lo familiar hasta lo material, pasando por mi concepto del amor y cerrando con mi idea del bienestar.

Siendo así, me encontré en medio de enormes mareas de ira y dolor, grandes olas de adrenalina y pasión, profundos huecos de desencanto y decepción, todo así, todo GRANDE y casi extremo, tan extremo como lo eran mis reacciones ante lo que se me presentaba y yo desconocía; vivía en una lucha eterna por imponerme, por tratar de reconstruir de cualquier forma posible aquella idea de hogar con la que crecí, lo intentaba sin cesar hasta fallar cada una de ellas, siempre luchando, siempre anhelando volver a vivir un día de calma como el que quizás yo creía tenía en mi hogar natal.

Con el tiempo todo pasa, y las líneas que dibujan nuestras memorias empiezan a suavizarse, a borrarse,  el recuerdo empieza a parecer más bello de lo que fue o quizás más monstruoso, y sólo podemos confiar en lo que sentimos evocando nuestros recuerdos, que dejan ser imágenes mentales para simplemente ser memorias sensoriales, cambiando junto a nosotros, una día a la vez cada vez.

Con el tiempo todos cambiamos y eso está bien. Hay quien decide cambiar, hay quien cambia debido a las circunstancias y quien cambia sin percibir que ha cambiado, pero nunca somos los mismos de ayer, ni de hace un mes, o varios años. Es por esto que no es bueno, ni justo, juzgar a una persona por sus acciones del pasado, y hay que ser conscientes que el pasado comienza en el minuto que acaba de morir.

Hace 20 años yo era totalmente distinta a la Franca que soy hoy, iba a clases en mi universidad en Caracas, vivía en aquel hogar natal que mencioné antes y era muy inmadura producto de mi crianza como hija-nieta única, era bastante ingenua, y aunque era físicamente muy linda era excesivamente fatua, me dejaba llevar y guiar por las emociones más superficiales y tenía la creencia de ser excesivamente especial, invencible  e indomable.

Hace 15 años todo habría ya cambiado, mis padres de crianza habían muerto y con ellos mi posibilidad de volver a mi hogar, de esa pérdida aprendí que el hogar no es un espacio físico y empecé a buscarle sentido a esa palabra que ya no significaba nada sino nostalgia, era víctima de maltrato de género y doméstico, ya me había convertido en madre y tenía la creencia de que la vida no tenía ya sentido ni valía la pena vivirla así. Enfermé.

Hace 10 años ya había roto las cadenas de mis creencias anteriores y estaba nadando en un mar de incertidumbre, había dejado atrás todo eso que me hacía sentir tan mal e infeliz, estaba tocando a las puertas de lo que sería mi nueva vida, lidiaba con mis ansiedades e ilusiones, había amado intensamente, y estaba a punto de conocer una versión de mi que jamás imaginé, creía de nuevo a ciegas en el amor y en mi misma. Enloquecí.

Hace 5 años me recuperaba a pedazos del tsunami de vivencias de los 10 años previos, amé y dejé de amar con mucha frecuencia, toqué fondo y busqué ayuda, me detuve y detuve las luchas, entendí que debía asumir mi realidad tal y como era, tenía que enfocarme porque el tiempo pasaba sin pausa y que de nada me servían mis talentos si no era altamente responsables de ellos, me habría paso entre la densa niebla de los fantasmas que había conocido y dejado en el camino, veía el pasado con dolor y al futuro con esperanza, dejé de exponerme ante los depredadores, y dejé de ser una depredadora también, simplemente comprendí que era cierto que si recibía todo lo que daba y decidí poner todo en cero, tomarme un tiempo para dibujar un mejor futuro y empecé a andar un camino nuevo. El camino que transito hoy. Maduré.

Hoy mi vida ocurre de una forma totalmente distinta a la que era y de formas que sólo puedo imaginar en cortos plazos, cambié el frenesí por la calma, hoy estoy lejos de todo y todos los que definían mi acontecer diario, hice una pausa lejos de mi país y mi cultura, y estoy cerca de mi, mas cerca de mi que nunca, apoyada por el Universo y mi fé en que todo está y estará bien, que todo es como debe de ser, aquí y allá, y siendo así será como tenga que ser, lo único que yo debo hacer es fluir, pero ser constante, leal a mis principios y consecuente con mis palabras y acciones. Vivo.

Ahora puedo ver con claridad lo que hice y lo que fui, ver en la distancia a quiénes me amaban y aman en realidad y quiénes no, ahora puedo entender por qué sucedieron las cosas que pasaron, buenas y malas, todas las cosas que pasaron una tras otra para que a través de ellas yo pudiese estar en este instante aquí, sentanda redactando este texto, improvisando y fluyendo con el mismo ritmo que transcurren mis días actuales, que lejos de ser ideales o perfectos según muchas de mis creencias, son mas bien, días cargados de grandes lecciones para mi monstruoso ego y creencias de humildad, y en medio de este nuevo cambio, de esta nueva aventura vital, encuentro a diario razones para seguir adelante y minutos eternos para ser feliz.

Todo cambia… y así será, para siempre.

Hasta siempre
F!

Lisboa 02.01.2017
14:55 pm



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