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Del cambio constante

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El tiempo nos enseña lo maravilloso de los cambios constantes, la sociedad y en especial la estructura familiar convencional trata de convencernos de lo contrario desde muy pequeños, y luego cuando vamos cambiando y nuestra vida va cambiando empezamos a descubrir que las cosas no son ya y probablemente ya no serán nunca igual y es entonces cuando nos vemos frente a una de las mas grandes encrucijadas de la vida: Cómo asumir y aceptar que todo cambia? Quizás una buena manera de empezar a contestar esta pregunta es sentarse a observar cómo cambia la naturaleza y su paisajes en cuestión de días, muchas veces de horas y con frecuencia de minutos; como la playa que nunca es la misma tras cada ola.

En lo personal la mujer que soy hoy no es ni la sombra de la que fui hace apenas 5 años, y mucho menos la que era 10, 15 o 20 años atrás. Mis intereses y pasiones han cambiado completamente, mis gustos y emociones surgen desde un nuevo centro tanto que incluso ahora disfruto de colores que en el pasado censuré, y si bien hoy se me hace fácil e incluso objeto de orgullo admitir que ya nada en mi es igual, el viaje de observación-aceptación fue largo y a veces ingrato, muchas veces a consecuencia de los giros de mi vida pero casi siempre como resultado de mis luchas internas y resistencias al cambio en esos giros. Sea como sea los tiempos de esas luchas parecen haber quedado atrás desde años atrás, y la madurez llegó como brisa tranquila, se siente muy bien.

Habiendo dicho esto me parece justo admitir también que mi naturaleza esencial, no sólo sigue intacta sino que además fortalecida de un extremo al otro. Un ejemplo de eso es la que crea en mi, esa parte que desde niña siempre ha sido motor de creación ahora está más viva que nunca, mas fuerte y mas determinada, por eso vuelvo a escribir, lo dulce tiene mejor sabor y lo amargo es casi un veneno, y aún así se que cambiará.

La forma en la que  empecé a lidiar y asimilar los cambios en mi vida fue rindiéndome a ellos, dejando de pelear con lo que yo esperaba y fue distinto, y bajando la guardia ya que Las cosas SON como son y tienen que ser.

Una vez que uno acepta esta verdad y la comprende desde su raíz empieza el viaje, un viaje que deja de ser a arrastras para parecer más a un viaje mochilero, en el que uno va con mínimo equipaje emocional y preparado para lo que venga.

Ciertamente hay situaciones que deben resolverse, hay memorias indelebles, y acciones inevitables pero incluso éstas se llevan a cabo con mejor precisión y se aprende a esperar el momento correcto para ejercerlas, así como aquel que practica tiro al blanco pasa de tener mala o mediocre punteria a ser impecable y dar siempre en el target con apenas un disparo, así uno también pule sus talentos para alcanzar los objetivos en medio de lo incierto, y tras años de practica día tras día se da en el blanco, una y otra vez, y otra más.

El cambio inesperado es siempre incomodo, y muchas veces doloroso, por ejemplo la pérdida de un ser querido sea cual sea su causa siempre genera mucha incomodidad y dolor, y uno pierde seres queridos no sólo a través de la muerte sino de la vida, las pérdidas en si (de trabajo, de objetos preciados, etc) son cambios muy desagradables, que sólo se hacen más llevaderos a través del pasar del tiempo, siempre conscientes y seguros de que esté pasará, y lo más importante la aceptación de que lo que pasa es como es y no tiene sentido pretender que sea de otra forma mas que esa. La clave está en la practica diaria de la paciencia sin dudar ni un minuto de que por más que duela o incomode poco a poco esa sensación que habita en la boca del estómago cesará.

Y si por fortuna el cambio inesperado resulta en algo grato, la novedad más grata también suele ser inquietante hasta que se hace norma. El cambio siempre se siente.

Las personas de nuestro entorno inmediato y pasado no están obligados a entender nuestros cambios, si nos admiran o detestan por quienes éramos cuando les conocimos pretenderán mantenernos en ese renglón donde nos encontraron, quizás pretendan mantener un juicio severo o ligero basándose sólo en experiencias que no pertenecen a la realidad actual, y en ese caso es asertivo poner en práctica la siguiente fase de H. Jackson Brown Jr.:

“No olvides que el silencio es a veces la mejor respuesta”

y la mejor forma de reaccionar ante el absurdo ajeno es callar…
F!



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